¿La sumisión, una perversión egoísta o una diversión consensuada?
Jul 14th, 2009 | By admin | Category: Prostitución - Crisol de visiones, Sexualidad
El disfrute del adiestramiento no consiste en alcanzar la incertidumbre, la indefensión o el placer absoluto y el conjunto de los que se aman de la nuca a los pies en un entrenamiento hipotético, en una actuación esporádica, en un encuentro pactado…. el auténtico disfrute del culto a la dominación es la sumisión, la obediencia de como las pestañas se dejan caer y la intuición, la complicidad y la entrega como se desviven por la reciprocidad. El cuerpo se empareda con el alma, y la armonía se arraiga al mono de cuero, a la fusta con briznas, a la atadura violácea, al pálpito arrítmico, a las cadenas manejables y respetables…. el mundanal dolor se curte para obtener su cuota de placer: el efecto espejo. Un reflejo chasqueado y crujido por los sonidos…. por los sollozos o gemidos, por los jadeos o vahidos. El matiz etéreo, incorpóreo mitifica que ese rasgo canalice la energía viva que nace de dos cuerpos enredados para entregarse y ofrecerse en todo aquello que en la facultad del ofrecimiento nos sacude nuestras más íntimas fantasías: la pregunta carece de lógica cuando se complementa en la perfecta armonía; alcanzarnos y darnos en uno de los juegos más intensos que la mente puede librarle al cuerpo.
“-Quiero que uses esto.
-Gracias, Maestra. Y…..
Su dedo en mis labios me impide pedirle perdón otra vez.
Subo, abro mi puerta, llego a mi alcoba viendo las cosas a través de una visión imperiosa y única: el resplandor surgido del verde caftán que anegó mi retina como un maremoto y sigue estremeciendo mis sentidos y mi mente. Me entrego al éxtasis de esa revelación carnal, de su densidad elástica, su brillo de seda, su modelado ideal y hasta imagino en mis lomos su poderío de amazona. Me anonado ante el prodigio, se anula en mí toda razón de existir salvo la de consagrarme a su adoración. Murmuro una letanía incontenible. ¿En qué pensabas? “Adorarte Señora”, “seré cruel”, “Adorarte Señora”, “Maltrataré a mi juguete”, “Adorarte Señora”, “Te haré sufrir”, “Adorarte Señora”….Adorarte como Hallaj en el suplicio……”Tú eres la Verdad”.
Se rompe el hechizo al recordar de pronto, su regalo, un pequeño envoltorio en papel de seda, dejado ahí al llegar, junto a mi cabecera. Al desenvolverlo aparecen dos ajorcas kabylas de plata labrada, abiertas y con broche, dos pulseras para tobillos unidas por una cadenita de unos dos palmos de larga. Al verlas recuerdo mis deberes: también aquí en mi casa soy suya, también aquí profeso el noviciado según su voluntad. Me desvisto hasta quedar sólo con las bragas y las medias con liguero que traía, viéndome así en el espejo: como cada vez más voy siendo. Acudo al despacho de papá, la nueva ermita, y allí me visto con su camisola persa. Dispuesto ya a encadenarme con el regalo reparo en que el metal arañará las medias en mis tobillos y, para evitarlo, interpongo sendos pañuelos entre éstas y las ajorcas. Abrochadas ambas la cadenita me obliga a andar pasos cortos y no a zancadas masculinas”
Extracto de El amante lesbiano, de José Luis Sampedro.
La sumisión, ¿dónde empieza a ceder, en la debilidad de la mente o en la voracidad del cerebro para desnudarse ante la obediencia de los impulsos?
Por Icaro69 usuario de forosX
